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MAHNUEL MUÑOZ - ARTICULOS

Creo en Elvis (22.12.2016)


Qué asombro, la belleza de la que son capaces algunos seres humanos, inspirados por la idea de un dios. Acciones de amor sin aditivos, gente con una luz pura y cegadora, templos, pinturas, libros, MÚSICA…

Yo no creo en un ser superior, actor y ejecutor de nuestra vida. Para mi, la idea de dios es, en si misma, una energía real y poderosa brotando del interior del alma humana, que empuja hacia fuera la naturaleza de un individuo; es la idea del AMOR, sin mas etiquetas. En eso SÍ creo.
Cuando hablo con amigos y amigas, creyentes y practicantes, de su fe, su experiencia, abro corazón y mente a su verdad, a esa energía que les impulsa a hacer y ser lo que hacen y son, porque lo que percibo es Amor… Y en eso SÍ creo.

Cuando escucho a Elvis cantar góspel, yo creo.  Algo sucede, que nada tiene que ver con las ideas institucionalizadas acerca de la fe o la religión. Solo hay amor, belleza, verdad. No hay discurso ni sermón.

Elvis siempre es góspel cuando canta. El góspel esta presente en su rock, en su blues, en su country, en la más banal de sus bandas sonoras. Por eso se escucha con naturalidad el góspel de Elvis desde la primera vez. Y por eso Elvis siempre te desnuda el alma, el muy ladrón, y te pone en contacto con algo que la razón no explica.

Sus conciertos, ya desde los primeros días, tienen ese aura ritual. Hace a su público experimentar el gozo, la liberación y la eternidad,  promesas de cualquier doctrina religiosa. Mas allá de la sexualidad a la que por norma va asociado,  el mensaje de Elvis a los adolescentes se dirige a su espíritu. Los chavales, todo ambición, frustración y hormonas, no perciben conscientemente esta profundidad. Solo quieren soñar y bailar y correr y cantar y romper y sudar… vivir en un mundo creado por ellos. Y el arte de Elvis hace tangible ese mundo.

Tras los gritos de histeria, los giros de cadera, la ropa rasgada, en la calma de un rincón, Elvis, al piano, la guitarra, o solo con la voz, vuelve al góspel. Siempre al góspel.

Los adultos, en su mundo raro y real, sospechan de la hondura que puede tener en sus hijos la palabra de ese vástago de “basura blanca” de Mississippi. Y no les gusta. Y pasa todo eso de la censura, y la excomunión, y la quema de discos… una performance inquisitorial para ahogar el ruido de una nueva, ensordecedora verdad; eso es lo único que está haciendo Elvis: desplegar su verdad, que él cree otorgada por dios, y por tanto ha de ser buena e inofensiva.

Pero Elvis es el obvio chivo expiatorio de la lucha generacional, una pugna en la que mas allá de valores morales y culturales, ostenta una sola realidad: que cada veta de Elvis y sus seguidores (el pecado, la condena, la salvación) es de petróleo.

El acierto al presentar  un disco de himnos “Peace In The Valley” en 1957 es uno y trino. Es un bálsamo para calmar la animadversión hacia el personaje de Elvis; es la primera manifestación pública explícita de esta faceta artística, que tan importante va a ser por los frutos profesionales y personales que Presley va a cosechar; y es un punto de inflexión en la historia del género góspel, que verá con satisfacción como muchos de los temas sacros interpretados por Elvis a lo largo de su carrera pasan del hábito al pantalón vaquero; por ejemplo,  la citada “Peace In The Valley” es un tema escrito en 1937 para Mahalia Jackson y cuyos primeros éxitos comerciales llegan con las lecturas de Red Foley y Jo Stafford en 1951 y 1954 respectivamente; pero su entrada en la corriente popular llega con la grabación de Elvis. A partir de entonces suena en mil voces, entre ellas las de Little Richard, Connie Francis, Johnny Cash, Loretta Lynn, Dolly Parton, Screaming Trees, Ronnie Milsap, Art Greenhaw con The Jordanaires, Tom Brumley and The Light Crust Doughboys o Faith Hill.


 Tras haber redefinido la música popular en los 50’s y transformado el mundo, a partir de 1960, la carrera de Elvis sigue una evolución ajena a las modas imperantes.


A lo largo de esa década, en momentos cruciales, surgen de nuevo las canciones religiosas, como ooparts en una excavación arqueológica; en 1965 “Crying In The Chapel”, descarte de las sesiones del álbum “His Hand In Mine” de 1960, se alza al 3 en unas listas de éxitos dominadas por el pop melenudo; al año siguiente, mientras John Lennon convierte el cinturón bíblico americano en un anillo de fuego al decir que los Beatles son mas famosos que Jesucristo, Presley graba en tres días el sublime, solemne, sobrecogedor disco “How Great Thou Art”, en un estado de plena búsqueda espiritual y éxtasis artístico que traspasa tiempo y espacio; el disco obtuvo resultados comerciales mas que apreciables y ganó un Grammy, y su escucha es, aun en 2016, una conmoción. En esas sesiones, en la primavera del 66, florece el Elvis de la voz sangrante en American Studios,  de “Guitar Man”, el Elvis de “If I Can Dream”, que renace, vestido de blanco, y dice que no volverá a cantar una canción en la que no crea.



Y qué es “If I Can Dream” si no una plegaria a Dios, a su creador y al dios que todos tenemos en nuestro interior, la luz que marca la salida a la más pura esencia de cada individuo.
Imbuido de esa luz, Elvis protagoniza la canción con la que se cierran las purificadoras sesiones en los American Studios, es la oración humilde y sincera de un hombre a las puertas de una etapa gloriosa pero fugaz. Un hombre en la cumbre de su inspiración, que regresa a su verdad tras años en una encrucijada de los mundos ilusorios de Hollywood y Graceland. Y agradecido por el camino y la visión recobrados, se dirige a su dios y le pregunta “¿Quién soy yo?”, tan poderosa y ardiente que no tarda en desintegrarle en un resplandor final de blanco y oro.

Mahnuel Muñoz
(Mahnuel Muñoz es cantante, escritor y poeta. Miembro de Elvis Radio 24 h. – Zona Elvis)



“Heartbreak Hotel: Al final de la calle Soledad” (21.11.2016)

Elvis Presley tiene una capacidad única para convertir canciones en lugares,  situaciones y personas reales. En mi opinión, es lo que le ha valido el reconocimiento mundial en la canción popular, por encima, incluso, de su extraordinaria voz y su icónica imagen.

Elvis es el Rey porque todas las canciones que se pasean por su garganta se convierten en “Canciones DE Elvis”. 

Las modas fueron llevándose el rock,  lo trajeron de nuevo, le cambiaron la ropa… pero Elvis siempre tatuó su firma en piezas de los más variados estilos; desde sus primeras grabaciones ya demuestra EL DON, estremecedor, para construir la historia y meterse de lleno en ella, arrastrándonos con él sin remedio. “Blue Moon” o “Harbour Lights” serían dos de los ejemplos más ilustrativos de la temprana habilidad de Elvis para raptarnos física y emocionalmente en lugares y tiempos extraños. 


Y este DON se sublima en su primera sesión de grabación con RCA en enero de 1956. Pocos artistas podrían dar una interpretación creíble de la historia y el ambiente de “Heartbreak Hotel”. Elvis me lleva allí. Veo la lluvia intentando en vano lavar la miseria que ennegrece la Calle Soledad.  Mi garganta nota el polvo del mostrador de recepción; mi olfato siente el olor a humedad y clausura; veo luces pálidas y parpadeantes en los pasillos; el paladar se me anega de la amargura de sus habitaciones. “Heartbreak Hotel” no me deja catalogarla: ¿Es un blues, tiene algo de country, tira al jazz? No es una canción, es una experiencia vital, un sueño recurrentes del que te despiertas empapado en sudor. 


¿Imagináis la cara y las glándulas sudoríparas de la gente de RCA cuando escuchan aun Elvis que poco tiene que ver con el Gato Hillbilly de Sun Records? No fue un rock and roll, en el sentido clásico del término, lo que usó Elvis Presley para instaurar su reinado, sino el narcótico relato en la mejor tradición americana de “storytellers”. 

La Calle Soledad es un lugar donde quedarme cuando la música me cierra la puerta en las narices,  cada vez que la inspiración me hace la cobra, o si no rimo con la vida,  e incluso siempre que las pupilas más bienintencionadas intentan desnudarme el alma.
  
Algún día me haré amigo de mis demonios,  pero hasta entonces, cada vez que éstos vienen a pedirme cuentas, la única forma que tengo para darles esquinazo es meterme en los laberintos del jazz o en los angostos y oscuros pasillos del Heartbreak, un rincón de nuestro ser,  tan sombrío que ni los fantasmas se aventuran.

Mahnuel Muñoz
(Mahnuel Muñoz es cantante, escritor y poeta. Miembro de Elvis Radio 24 h. – Zona Elvis)